jueves, 3 de marzo de 2011

~ NUESTRO PAN de CADA DÍA ~

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Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado
de sus discípulos y de una gran muchedumbre,
el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego,
estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:
“Hijjo de David, Jesús, ten compasión de mí”
Muchos le increpaban para que se callara.
Pero él gritaba mucho más: “Hijo de David,
ten compasión de mí” Jesús se detuvo y dijo:
“Llamadle”. Llaman al ciego, diciéndole:
“¡Ánimo, levántate. Te llama”.
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús.
Jesús dirigiéndose a él, le dijo:
“¿Qué quieres que te haga?” El ciego le dijo: “Rabbuní,
¡que vea!” Jesús le dijo: “Vete, tu Fe te ha salvado”.
Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.
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del Evangelio del día (Mc 10, 46-52)

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