“Vamos a la otra orilla”. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca,
como estaba; otras barcas lo acompañaban.
Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca
hasta llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
“¡Silencio, cállate!”. El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? Aún no tenéis Fe?”.
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