.Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino;
vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso,
donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura
de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz,
se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos
y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena
y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta,
otras sesenta, otras ciento”. (…)
Y les dice: “¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces,
comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la palabra.
Los que están a lo largo del camino donde se siembra la palabra
son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva
la palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados
en terreno pedregoso son los que, al oír la palabra,
al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos,
sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación
o persecución por causa de la palabra, sucumben en seguida.
y otros son los sembrados entre abrojos; son los que han oído
la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción
de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden
y ahogan la palabra, y quedan sin fruto.
Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la palabra,
la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento”.
0 comentarios:
Publicar un comentario