sábado, 6 de agosto de 2016
No hay nadie bueno más que Dios
Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria
cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz:
«Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
Y esta misma voz, transmitida desde el cielo,
es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.
Así tenemos más confirmada la palabra profética
y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla
en un lugar oscuro hasta que despunte el día
y el lucero amanezca en vuestros corazones.
Lecturas del día: (2 P 1, 16-19) (Sal 96, 1-2. 5-6. 9) (Lc 9, 28b-36)
FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
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