En el Evangelio de Lucas nos encontramos la cita que dice: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Lc 18, 16). Pues así es como vivo yo: con un corazón de niño tocado por Dios; y, como niño de corazón, vivo está unión de corazón con mi Cristo, que me dice y que nos dice: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis”.
Qué tierno y qué bien expresa el Icono de la Sagrada Familia el corazón con corazón de Cristo y la humanidad: Cristo siempre abrazando nuestro corazón, Cristo sencillo y humilde, que se hace literalmente pan, para ser comido en cada Eucaristía. Éste es mi Dios, mi Cristo que me abraza y me pide que no deje de abrazarle; que, aunque me aleje, vendrá nuevamente, como niño, corriendo es pos de mi corazón.
¡Que nunca nadie me aparte del Corazón de mi Cristo, mi Dios, el que dice: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis”!

0 comentarios:
Publicar un comentario